lunes, 24 de enero de 2011

Donde yo estoy, estén también ustedes

Tema: Los primeros pasos del discípulo

1ª semana: Encuentro con el Maestro

“Volveré para tomarlos conmigo, para que donde yo esté, estén también ustedes” Juan 14,3.

“Padre ya que me lo has dado, quiero que estén conmigo donde yo estoy y que contemplen la gloria que Tú ya me das” Juan 17,24

Quería empezar las pautas con una pregunta…

¿Qué es lo que produce en nosotros oír de Jesús estas palabras?... “quiero que estén conmigo donde yo estoy “…alegría, ternura, confianza, esperanza?.....sí, pero sobre todo mucho amor…que bien hace el saborearlas, una a una, “Padre quiero que estén conmigo donde yo estoy….”

Uno se siente tan amado por Jesús, tanto, que no quiere que vivamos separados de Él…. su amor es de tal manera que no hay palabras para describirlo, porque nos supera, es un amor que rebasa todo entendimiento humano….que el Hijo de Dios nuestro Señor nos ame tanto que quiera compartir con nosotros su misma Gloria, es tan grande, que uno se queda anonadado.

Y es que desde que Jesús llamó a sus discípulos, fue para que estén con El, este es el maravilloso destino del discípulo de Jesús. (Mc 3,13).

Jesús no llamó a discípulos para que lo sirvan, para que cumplan sus ordenes, para que sean teólogos u oradores, Jesús los llamó para que sean sus amigos, sus hermanos, los llamó para amarlos, para compartir una historia, hacer una nueva creación a través de la Palabra, los llamó para enseñarles que el verdadero amor es dar la vida por los que amas, que el verdadero amor es permanecer juntos y que la separación no existe para los que se aman.

La relación del Maestro Jesús con sus discípulos es diferente a la de otros maestros, “tus discípulos no son como los de Juan”…le cuestionaban los fariseos, no son como otros, es más, de los discípulos de Jesús la gente decía “miren como se aman”. Porque vivían la Palabra de Jesús “en esto conocerán que son mis discípulos en que se aman unos a otros “.Jn 13,35

Lo que Jesús formó en sus discípulos fue un corazón enamorado del Padre, apasionado por el Reino, ellos se amaban unos a otros, nadie se miraba como mas o como menos, la gente cuando los miraba “sabían que habían estado con Jesús… .” Hechos 4,13.

Era tal la preparación que habían recibido de Jesús, se les veía tal conversión, tal convencimiento tal pasión, que “no podían dejar de hablar de lo que habían visto ni oído”. Hechos 4,20

Ellos ahora están con Jesús, y ahora somos nosotros los discípulos de Jesús, el relevo, en esta época, llamados a esa misma amistad a dar la vida por el Maestro, para estar junto a Él, donde El está.

Esta es nuestra meta, esto implica para nosotros como discípulos, el tener que tomar la decisión de querer también estar con él, o sea de corresponderle…aun a pesar de nuestras limitaciones o pobrezas, no debemos desanimarnos, porque él nos conoce, el nos eligió así como somos, porque El quiso…que confianza y descanso nos dan esas palabras que nos hace amarlo cada vez más, nos quiso sus discípulos no por lo que fuéramos o tuviéramos sino porque como dice Pablo “por pura bondad le agradó llamarme” Gálatas 1,15

Así le pareció bien, y su deseo cubre todas nuestras flaquezas, debilidades, faltas todo lo que como discípulos podemos ver en nosotros que no nos hace merecedores de tanta Gracia.

Es Jesús quien pide para nosotros la Gloria compartir su propio destino, y para ir donde está el nosotros ya conocemos el Camino, conocemos la Palabra, Jesús mismo que nos indica cómo alcanzarle, como llegar a Él.

Por eso cuando Jesús nos invita a orar, no es para preparar charlas, no es para saber más de la Biblia, o para tratar de interpretar las citas.

La oración es para crecer en amistad y en amor con El, ojala lo entendiéramos así, para poder pasar disfrutando largos ratos junto al Amado para vivir como verdaderos discípulos.

Cuando vivimos nosotros en oración, en amistad con Jesús, también nos sale del corazón pedirle, “Señor quiero estar donde tu estas, No permitas que jamás me separe de ti, a, no me dejes hacer lo que yo quiero, no permitas que te deje de querer”.

Estar con Jesús y el Padre, esa es nuestra meta en la vida, ninguna otra tiene tanto peso, allí encontraremos la fuerza para vivir el apostolado, y ya desde aquí, disfrutar su llamado a ser sus discípulos, no mirar lo que nos falta, lo que no sabemos o tenemos, lo que no hacemos bien , ni vivir recriminándonos porque no damos la talla, sino ser humildes, entregarnos al Maestro como sus discípulos que quieren seguirle, imitarle estar con Él, vivir con Él para luego predicar y hacerle discípulos que hagan lo mismo.

Cuando oramos intercedemos también por los discípulos, por los hijos, la familia, y brota de nuestro corazón siempre el pedirle: “Señor quiero que ellos también estén donde yo estoy, en esta búsqueda de tu voluntad, en este deseo de permanecer en ti, en este querer ir a los retiros, en este anhelo de mi corazón de amarte cada día más, de hacer el bien, quiero que ellos también estén”, esa es nuestra oración, ese es nuestro afán que se une a la oración de Jesús. “Padre quiero que ellos también estén donde yo estoy”.

Que nuestra Madre santísima nos enseñe a ser manso y humildes de corazón, para dejarnos formar como discípulos, Buscar el encuentro con el Maestro, empezar de nuevo, dejar lo que creemos ya sabido, lo que no nos ayuda, abrirnos a las enseñanzas del Maestro para poder estar donde El está y por todos los que quisiéramos que estén como nosotros estamos: enamorados de Dios.

Dios nos bendiga.

Nila



No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Publicar un comentario